Billie Sastre y Franc Carreras en el episodio 278 del podcast Madres Reinventadas

Maternidad y dinero: cómo soltar la culpa y vivir una ambición sana

Hay una frase que a muchas nos cuesta pronunciar en voz alta: «quiero ganar más». La relación entre mujeres y dinero sigue cargada de silencios y de explicaciones que nadie nos pide. Y de una culpa que aparece justo cuando empezamos a desear más.

En este episodio de Madres Reinventadas, Billie Sastre y Franc Carreras hablan de un tema que, como reconocen al empezar, es un poco polémico. Franc lanza la pregunta directamente. Después de diez años ayudando a madres a reinventarse, ¿por qué a tantas mujeres les cuesta decir que quieren ganar más dinero?

Lo que sigue es una conversación honesta sobre la culpa y el tabú de hablar de lo que cobramos. También sobre la independencia financiera y lo que significa tener una ambición sana. ¿Estás en plena reinvención profesional o empiezas a poner precio a tu trabajo en una profesión digital? Seguramente te reconocerás en más de una idea.

Por qué a las mujeres nos cuesta tanto hablar de dinero

Billie lo tiene claro después de muchos años reflexionando sobre ello: es algo que se ha transmitido de generación en generación.

Nos enseñaron a cuidar; a ellos, a sostener

Según Billie, a las mujeres se nos ha enseñado mucho a cuidar, mientras que a los hombres se les ha enseñado a sostener. Llevamos dentro la idea de que nuestro papel es proteger y tener bien a la familia.

Por eso, cuando una madre empieza a querer más, aparece una pregunta muy incómoda. Si yo me dedico a crecer, ¿quién va a dar a mis hijos esa seguridad? ¿Quién va a estar en casa atendiendo?

El quiebre de identidad al querer más

Billie lo describe como un quiebre de identidad. Llega un momento en el que deseas más, pero sientes que eso significa dejar de proteger a los tuyos.

La buena noticia, según cuenta, es que esto está cambiando. Cuando observa a las niñas de la generación de sus hijos, ve que ya no es así. Sin embargo, muchas de las mujeres de la comunidad de Mamis Digitales todavía lo llevan «muy metido en la sangre».

Franc le da la vuelta con una reflexión interesante. Si la nueva generación ya no arrastra esa creencia, el mérito es de las madres actuales, que no se la han pasado.

Cuidar también es proveer: otra forma de entender a las mujeres y el dinero

Aquí llega una de las ideas más potentes del episodio. Franc no está de acuerdo con que ganar dinero y cuidar sean cosas opuestas. Para él, cuidar también es proveer.

Hoy en día no lo hacemos todo nosotras. Muchas tareas de cuidado se resuelven con dinero:

Como resume Franc, uno se cuida a sí mismo y cuida a otros también con dinero. Por eso propone romper el patrón que asocia ganar dinero con descuidar, con ser mala persona o con ser mala madre.

Billie añade algo fundamental: romper también con la culpabilidad que trae esa creencia, una culpa que muchas mujeres asociamos al dinero.

El tabú de decir cuánto cobras

Uno de los ejercicios que Billie recomienda es observar cómo se hace en otros lugares. Ella creció muy cerca de la cultura americana y le sorprendía lo fácil que allí resultaba hablar de dinero.

Mirar otras culturas para cuestionar la nuestra

En Estados Unidos, cuenta Billie, alguien casi sin conocerte podía preguntarte cuánto ganabas. Ella pensaba que eso era tabú en México. Y ahí surgió su pregunta: ¿qué hace falta para que nosotras empecemos a compartir cuánto ganamos y cuánto cobramos por nuestros servicios?

Lo que Billie aprendió en una conferencia

Billie comparte una experiencia muy concreta. Cuando empezaron a llamarla para dar conferencias, no tenía con quién hablar de cuánto cobrar.

Recuerda que fue a República Dominicana, junto a un ponente masculino. Iba supercontenta, convencida de que había cobrado muy bien. Después se enteró de lo que había cobrado él y se dio cuenta de que se había quedado «supercorta».

Esta historia muestra por qué, entre mujeres y dinero, es tan importante tener a alguien con quien compartir estas cifras.

Compartir también con hombres

Franc añade un matiz interesante. Está muy bien hablar de precios con otras mujeres, pero también es útil compartirlo con hombres. Son personas con otro punto de vista, que no tienen esa limitación mental «porque no se la han programado». Así, dice, puedes contagiarte un poco de esa ambición.

«¿Y para qué quieres tú más dinero?»: la pregunta que se les hace a las mujeres

Franc señala una diferencia que muchas mujeres conocen bien: un hombre puede ser ambicioso y querer más sin que nadie lo cuestione. En cambio, si una mujer quiere más dinero, la pregunta llega enseguida: ¿para qué?

A Billie se lo han preguntado varias veces. Y tiene muy claras sus razones:

Pero, por encima de todo, explica que lo que la mueve es que su mensaje y su propósito lleguen a más gente.

Si das más valor, recíbelo

Billie reflexiona sobre quienes suben sus tarifas sin tener claro el porqué. Quizá lo que hacen no les llena tanto. O quizá, como apunta Franc, tiene más valor.

Y si tiene más valor, ¿por qué no recibirlo? Billie lo resume así: si estás dando más valor, recíbelo y repártelo como tú quieras. Una idea muy útil si trabajas desde casa con una profesión digital y te cuesta ajustar tus precios.

La ambición también es de mujeres

En un momento de la conversación, Billie dice que tiene una mentalidad «bastante masculina» en este tema. Franc le pide que cambie esa palabra: esto no tiene que ser un tema masculino. Para él, hay que dejar atrás la idea de que los hombres tienen una mentalidad y las mujeres otra.

Tradwives, independencia financiera y decisiones conscientes

Franc introduce un tema que va en contra de lo que habían dicho al principio: la tendencia de las tradwives. Son mujeres, muchas de ellas jóvenes, que defienden volver a lo tradicional, no trabajar y depender económicamente de su pareja.

Billie cree que las redes sociales hacen que nos enteremos más de estas tendencias, pero que las vías alternativas siempre han existido. Recuerda que en la universidad tenía amigas que estudiaban mientras llegaba el momento de casarse. Hoy están casadas, en casa sin trabajar, y felices, porque era su objetivo de vida.

Lo importante es que sea una elección consciente

Para Franc, la clave está en que sea una decisión consciente. A veces creemos que estamos haciendo lo que queremos y, en el fondo, estamos cayendo en las trampas de las que hablaban al principio.

Franc piensa mucho en sus hijas. Quiere que trabajen su independencia financiera para que puedan elegir: que no dependan de nadie si no quieren y que, después, decidan.

Billie matiza que esa elección es respetable, pero siempre teniendo en cuenta qué acuerdo vas a tener con la otra persona. Porque si las cosas no funcionan, es ahí donde puedes encontrarte en una trampa.

Si estás pensando en tu propio cambio y quieres implicar a tu pareja, en el episodio sobre reinvención profesional en pareja se habla de cómo convertir esa decisión en un plan compartido.

«No dejes nunca de trabajar»

Billie recuerda las palabras que su madre le repetía: «No dejes nunca de trabajar». Cuando el padre de sus hijos le ofreció alguna vez dejar de trabajar, ella respondió que no. Siguió trabajando por cuenta ajena y, más tarde, creó su proyecto.

Nunca dejó de trabajar porque sabía que eso le daría la independencia que hoy valora muchísimo: poder tomar sus propias decisiones.

La independencia económica también está muy presente en la historia de Carla. En el episodio Reinventarse profesionalmente cuando tu mayor freno está en casa, cuenta cómo volvió a ganarse la vida desde casa después de nueve años dedicada a cuidar de sus hijos.

La relación de las mujeres con el dinero empieza en casa

Ya en la recta final del episodio, Franc le pregunta a Billie con qué palabras debería hablarse una madre cuando siente el impulso de querer más.

Billie, que lleva tiempo en un recorrido espiritual, explica que el dinero tiene mucho que ver con la relación que tienes con tu madre. Lo aprendió en un curso sobre manifestación y dinero, donde le dijeron que la mamá representa el dinero.

Según su experiencia, sanar esa relación ayuda a aceptar que mereces cobrar, que mereces tener dinero y que mereces un precio. Para ella, la palabra clave es la aceptación. Cuando la logras, empiezas a valorarte y eres capaz de decir: «Yo valgo tanto, me merezco tanto y soy capaz de generar otro tanto más».

Franc pregunta también por el papel del padre. Billie reconoce que no lo ha trabajado tanto, pero cree que juega más el papel de la seguridad. Y lo describe como un camino por capas: quitas una y piensas que ya está, pero siempre quedan más.

Ambición sana: querer más sin dejar de disfrutar

Franc plantea una reflexión final: la ambición tiene un estigma. Hay personas con una ambición imposible de satisfacer. Por eso la clave está en buscar una ambición sana.

Vivir el momento presente

Billie explica que parte de ser ambiciosa y sana es saber vivir el ahora. Las personas que solo piensan en «quiero más, quiero más» están pensando en mañana y no disfrutan de hoy.

Pone un ejemplo: cerrar un cliente después de subir el precio un quince por ciento y celebrarlo. Ya habrá tiempo de analizar y fijar nuevos objetivos.

La gratitud hacia tu versión anterior

Billie recomienda practicar la gratitud cada día: por lo que has conseguido, por dónde estás y por tu versión anterior. Ella lo hace con la Billie de hace dieciséis años, que no sabía ni cómo ponerse precio para una conferencia. Gracias a ella está donde está hoy.

Ponerse precio desde lo grande

Billie le pregunta a Franc si alguna vez se ha sentido pequeño al poner un precio alto. Su respuesta la sorprende: le pasa justo lo contrario.

Pedir más te hace grande

Franc explica que, cuando se atreve a ponerse un precio alto, no se siente menos, se siente más. Necesita ponerse grande para cerrar ese trato, porque no puede cerrarlo «desde el pequeño».

Eso no significa que siempre le digan que sí. Al contrario, muchas veces le han dicho que no.

Es una idea que conecta con la historia de Federica, media buyer, que en el episodio sobre cuánto se tarda de verdad en conseguir el primer cliente relaciona su precio con la valentía.

Subir el precio hasta que te digan que no

Franc recuerda las conversaciones que tenían los dos para comparar cuánto cobrar por una conferencia. Así aprendieron los dos a subir el precio hasta que les dijeran que no.

Franc reconoce que esto tiene un coste: siempre perderás la propuesta en la que te pases. Pero ahí sabrás cuál es tu límite en ese momento.

Hay que creérselo para vendérselo

Para Franc, hay que creérselo para vendérselo. Si alguna vez le dicen que no, se permite pensar «¿qué te has creído?». Pero suele quedarse con otra idea: «Ellos se lo pierden».

Tabla resumen: creencias sobre mujeres y dinero que el episodio pone en cuestión

Creencia habitualLo que se plantea en el episodio
Si gano más, cuido menosCuidar también es proveer
Hablar de cuánto cobro es tabúCompartir precios ayuda a cobrar lo justo
Querer más es cosa de hombresLa ambición también es de mujeres
Pedir un precio alto me hace sentir pequeñaPedir más puede hacerte sentir grande
Ambición es querer siempre másLa ambición sana disfruta y agradece

El reto: hablemos de dinero entre mujeres

Billie cierra el episodio con una llamada a la comunidad: empezar a compartir más nuestros precios, nuestro precio por hora y nuestras tarifas.

Su objetivo es que se convierta en una práctica habitual y no en un tabú. Porque cuanto más compartamos, más información habrá y menos miedo sentirán las mujeres que vienen detrás.

Preguntas frecuentes sobre mujeres y dinero

¿Por qué a las mujeres les cuesta decir que quieren ganar más dinero?

Según Billie, porque durante generaciones se nos ha enseñado a cuidar y a proteger a la familia. Querer más puede vivirse como dejar de cuidar a los nuestros.

¿Ganar dinero es incompatible con cuidar de la familia?

En el episodio, Franc defiende lo contrario: cuidar también es proveer. Muchas formas de cuidado actuales, como contratar ayuda o viajes, también requieren dinero.

¿Por qué es importante que las mujeres hablemos de dinero y de lo que cobramos?

Porque nos ayuda a saber si nuestro precio es justo. Billie lo comprobó cuando descubrió que había cobrado mucho menos que otro ponente en una conferencia.

¿Qué es una ambición sana?

Es querer crecer sin dejar de disfrutar del presente. Billie la relaciona con celebrar cada logro y practicar la gratitud cada día.

Conclusión: mujeres y dinero, una conversación que nos toca a todas

Este episodio es, sobre todo, una invitación a hablar de dinero sin culpa.

Billie y Franc nos recuerdan que querer ganar más no te convierte en peor madre y que cuidar también es proveer. Además, compartir lo que cobramos puede ayudar a otras mujeres. La relación entre mujeres y dinero empieza a cambiar cuando nos atrevemos a nombrarla.

Si estás construyendo tu reinvención profesional, trabajas desde casa o estás empezando a ponerle precio a tu profesión digital, esta conversación te acompañará.

Escucha el episodio completo y descubre más historias reales en el podcast Madres Reinventadas. Y si quieres conocer mejor la comunidad, visita la web de Mamis Digitales.

Transcripción completa del episodio

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Presentación: Bienvenida a Madres Reinventadas, presentado por Billie Sastre. Un pódcast para madres que están redefiniendo el concepto de trabajar sin renunciar a su vida familiar.

Bienvenida y una promesa pendiente

Franc: Bienvenida, Billie, a un nuevo episodio de Madres Reinventadas. Volvemos a estar por aquí, ¿no?

Billie: Volvemos a estar por aquí. Hemos de decir que habíamos hecho una promesa y, Franc, no la hemos cumplido.

Franc: ¿Por qué? ¿Porque hemos parado un mes? ¿Qué pasa, que no se puede conciliar en esta compañía o qué?

Billie: No se puede, no se puede.

Franc: Si prometemos, tenemos que cumplir, ¿no? Pues haremos uno más si hace falta al terminar.

Billie: Me parece bien. Pero cumpliremos.

¿Por qué nos cuesta decir «quiero ganar más»?

Franc: Bueno, Billie, hoy vamos a hablar de un tema un poco polémico.

Billie: A ver.

Franc: Sí, porque yo creo que es un tema que a veces nos cuesta hablar de él. Tú siempre lo dices: «Es que no hablamos nunca de dinero, es que no se puede, eh, tomar decisiones sin hablar de dinero, hablemos de dinero». Vale, ¿por qué? Y llevo diez años ayudando a madres a reinventarse. ¿Me puedes explicar por qué a las mujeres o a muchas mujeres les cuesta tanto decir quiero ganar más dinero?

Billie: Bueno, yo creo, y la verdad es una reflexión que yo me he hecho durante muchos años, y yo creo que es una cosa que viene intrínseca de generación en generación en generación. Yo creo que a las mujeres se nos ha enseñado mucho a cuidar, mientras que a los hombres se les ha enseñado a sostener. Entonces, por una parte, nosotros traemos de generación en generación intrínseco el que nosotras tenemos que cuidar, proteger, tener bien a nuestra familia. Y si nosotras dejamos de hacer eso por querer más, entonces ¿quién le va a dar a nuestros hijos esa seguridad? ¿Quién va a estar en casa atendiendo, no?

Entonces, hay– yo creo que llegamos un– en un momento de nuestra vida en donde hay un quiebre de identidad y decimos: «Guau». O sea, si yo quiero más, entonces ¿quién va a cuidar de los míos? Entonces, voy a dejar de proteger a los míos. Y qué va a pasar con mi familia, ¿no?

Una creencia que pasa de generación en generación

Billie: Y esto, claro, so– a nivel de sociedad está cambiando muchísimo. O sea, yo observo a las niñas de la generación de mis hijos y digo: «Esto ya no es así». Lo que pasa es que nosotras y en las mujeres que tenemos en Mamis Digitales todavía tenemos eso muy metido en la sangre.

Cuidar también es proveer

Franc: Bueno, pues aquí hay una primera conclusión interesante. Si es porque es una cosa que se ha pasado de generación en generación y la última generación ya no lo tiene, es mérito de la anterior.

Billie: Ojalá, sí.

Franc: Así que enhorabuena por las madres actuales, que por lo menos no lo han pasado a la siguiente, ¿no? Pero es que yo no estoy de acuerdo con eso. Ya sé que tú tampoco, ¿eh? Pero cuidar también es proveer, en el sentido de que las cosas cuestan dinero. Hoy en día no hacemos todo nosotros. A lo mejor en un mundo anterior, pues todo se hacía a mano y lo hacía la persona que estaba en casa, ¿no? Pero ahora, pues se contrata a una persona, se utilizan máquinas, se, se, se, se, se contratan viajes, se hacen cosas que son de cuidado también, ¿no?

Y se cuida uno a uno mismo y a otros también con dinero, ¿no? Entonces, yo creo que ahí hay que romper ese patrón de pensar que ganar dinero no es cuidar o es descuidar o es, pues ser una mala persona o ser una mala madre.

Hablar de dinero sin tabúes

Billie: Totalmente. Y romper con la culpabilidad que eso te trae. Porque yo creo que también un ejercicio muy bonito que podemos empezar a hacer las mujeres, y que yo lo comparto porque yo lo hice desde muy pequeña, es observar cómo se hace en otros lugares. O sea, a mí, por ejemplo, me sorprende que, por ejemplo, en la cultura americana esto no pasa tanto. Entonces, yo crecí muy cerca de la cultura americana y yo sí que observé que, oye, hay ambición y que qué bueno que hay ambición y que las mujeres quieren más y que es más fácil hablar de dinero.

La gente es que no te conoce casi y ya te pregunta: «¿Y tú cuánto ganas?» Y yo pensaba: «Uy, esto es tabú en México». No, pero en Estados Unidos se habla, ¿no? De, de estas cosas. Y yo pensaba: «Pues, ¿qué hace falta para que nosotras empecemos a compartir de nuestra economía, de cuánto ganamos, de cuánto cobramos por nuestros servicios? Mmm. Porque tú no sabes lo que a mí, cuando yo empecé en este mundo, que fue hace muchísimos años, lo que me costaba que alguien me compartiera cuánto costaba. O sea, yo recuerdo las primeras veces que me empezaron a llamar para dar conferencias. Pues yo no tenía con quién compartir cuánto cobrar.

Lo que Billie aprendió al cobrar una conferencia

Franc: Bueno, lo hacías conmigo después

Billie: Cuando te conocí, pero no te conocía en aquel momento. Yo recuerdo que– yo recuerdo haber ido a República Dominicana al lado, no voy a decir el nombre, pero de un ponente masculino, que yo fui supercontenta pensando: «Guau, he cobrado superbién». Y luego me enteré de lo que había cobrado él y pensé: «Gua, Billie, o sea, es que te has quedado, pero supercorta. Con razón te han dicho que sea la primera», ¿no? Entonces…

Franc: Es tener a alguien también con quien compartir eso, ¿no?

Billie: Total.

Franc: Y yo creo que ahí está bien que haya otra mujer, porque es muy bueno también, porque compartís mucho, pero también compartirlo con los hombres. Yo creo que también es bueno que lo compartas con gente que tiene ese otro punto de vista o que ya no tiene esa limitación mental porque no se la han programado, ¿no? Y que puedas contagiarte un poco también de esa ambición, ¿no? Porque otra cosa que se dice mucho, yo creo que eso es también un reflejo de esto, ¿no?

«¿Y para qué quieres tú más dinero?»

Franc: Que es, un hombre puede ser ambicioso y querer más. Si una mujer quiere más dinero es, ¿para qué? ¿No te pasa eso? Te preguntan: «¿Pero para qué lo quieres tú?»

Billie: Me lo han preguntado varias veces, sí.

Franc: ¿Y cómo respondes a eso?

Billie: Bueno, claro, es que yo considero que yo tengo una men-mentalidad bastante masculina en algunas cosas y en esta es mucho así. O sea, y, y yo siempre he dicho: «No, no, es que yo no me voy a conformar». «No, pero ¿por qué quieres más?» Pues porque quiero sentir que ayudo más, porque quie-quiero sentir que puedo proveerle más a mis hijos, puedo darles más cosas, porque quiero sentirme libre, independiente, porque no quiero tener que depender de nadie. O sea, hay muchísimas razones para mí y en mi vida para querer más. Porque quiero también viajar bien, quiero tener mis cosas bonitas.

O sea, todo es un plus y un plus, pero en el– más que la superficie de quiero tener este vestido bonito o viajar en business, es quiero que mi mensaje y mi propósito llegue a más gente. Y yo creo que eso es lo que a mí me mueve, que a veces hay otras personas que quizás si no lo tienes, te es más difícil decir: «Vale, pero ¿por qué estoy subiendo mis tarifas o por qué estoy queriendo cobrar más?» Porque a lo mejor lo que estás haciendo no te llena tanto y entonces ahí está también

Franc: O a lo mejor tiene más valor.

Si das más valor, recíbelo

Billie: Y si tiene más valor, ¿por qué no recibir el valor que creas, no? Que también hay un punto de culpabilidad con el dinero de: «Pero es malo cobrar más», ¿no? Si estás dando más valor, pues recíbelo y repártelo como tú quieras también, ¿no?

Franc: Yo te voy a pedir que cambies una palabra en ese discurso, por eso.

Billie: A ver.

Franc: No te llames masculina, porque esto no tiene que ser un tema masculino. Esto también es de mujeres. Y tenemos que cambiar esa mentalidad de que los hombres tienen esa mentalidad y las mujeres la otra, ¿no? O sea, tiene que ser para los dos. Venga, ahora te voy a lanzar una cosa que va en contra de lo que hemos dicho al principio. Hemos empezado hablando de que las nuevas generaciones son diferentes.

La tendencia de las tradwives

Billie: Sí, estoy de acuerdo.

Franc: Pero ¿te has dado cuenta de la tendencia que hay, por lo menos en Estados Unidos recientemente, yo lo veo en redes, de esas, eh, madres o mujeres que se hacen llamar tradwives, no? Es decir, que les gusta volver a lo tradicional y entre esas tradiciones está el decir: «No quiero trabajar, no me importa depender económicamente de mi marido, no me importa no saber lo que estamos pagando de hipoteca. Yo sé lo que estoy, eh, dándole de comer al niño», ¿no? Esa tendencia es real y está ocurriendo, y está ocurriendo con gente joven, ¿no? ¿Qué opinas de eso? ¿Crees que es simplemente una reacción o una dirección distinta o algo legítimo? ¿Cómo opinas sobre eso?

Billie: Bueno, la verdad creo que hay– creo también que las redes sociales ahora nos hacen que nos enteremos más de cosas que quizá no nos enterábamos tantes– ta-tanto antes sin redes sociales, ¿no? Pero bueno, tendencias como estas y vías alternativas siempre ha habido y siempre van a haber. Lo que pasa es que hoy tienen más voz con las redes sociales, ¿no? Yo creo que cada uno es libre de elegir el camino que quiera elegir. Hace muy poco una mentora mía me dijo: «Es que mi sobrina tiene muy claro que ella, eso, quiere casarse con una persona que le provea y no quiere saber nada más».

Bueno, yo en mi, eh, en mi universidad tenía amigas que decían: «Yo estudio mientras me caso y elegí nutrición porque me va a servir para cocinar bien y, eh, y sa– y saber bien llevar una casa». Y yo pensaba: «Bueno, yo no soy así».

Lo importante es que sea una decisión consciente

Franc: Pero- Pero han pasado unos años desde entonces. ¿Les has seguido la pista? ¿Cómo les ha ido?

Billie: Están, claro, están casadas en casa sin trabajar. Sí, sí, sí.

Franc: Y felices.

Billie: Era su objetivo de vida. Sí. Y felices, claro.

Franc: Aquí lo importante es que sea una decisión consciente, ¿no crees? Es decir, muchas veces nos pensamos que no, que estamos haciendo lo correcto y que es lo que nosotros queremos, y en el fondo estamos cayendo en esas trampas que decías antes, ¿no? Decir, ¿no? Tengo que justificar, eh, por qué quiero ganar dinero, estoy dejando de hacer lo que se supone que tengo que hacer y no estoy haciendo lo que yo quiero, ¿no? Como has dicho tú, puedes elegir ese camino de tradwife o puedes elegir ser independiente también desde el punto de vista financiero, ¿no?

Yo lo pienso mucho, lo has dicho antes cuando hablabas de tus hijos, en mis hijas, ¿no? Yo pienso, ahora son jóvenes y quiero que se trabajen su independencia financiera para que puedan elegir. Primero para que no dependan de nadie si no quieren, si luego lo eligen, sí, ¿no? Y eso hay que trabajarlo, porque si no podríamos acabar en el mismo patrón de antes, ¿no? Y, y luego ellas que decidan con lo que han ganado, ¿no?

Independencia financiera para poder elegir

Franc: Tenemos referentes también de muchas personas que tú y yo conocemos, que las conocimos cuando no eran madres y que decidieron crear su empresa antes para cuando fueran madres tener ese, ese sustento, ¿no? Que ya sabemos que emprender no es necesariamente estabilidad. Pero bueno, pero por lo menos los deberes estaban hechos, ¿no? Entonces, yo quiero que tengan opciones en ese sentido y sobre todo que elijan, que decidan qué quieren hacer, si quieren ser ambiciosas o si eligen lo que has dicho tú antes, que también es respetable.

«No dejes nunca de trabajar»

Billie: Bueno, es respetable, pero siempre teniendo en cuenta cómo va a ser ese trato que vas a tener con esa persona de: vale, yo me quedo en casa, pero ¿cuál va a ser aquí? Porque después, si las cosas no funcionan, es donde puedes encontrarte en una trampa, ¿no? Y esto lo hemos visto muchas veces. A mí mi mamá siempre me lo decía: «Billy Lou, no hagas que tu independencia o que…» Sí, exacto, que tu independencia sea, eh, esté en las, en manos de alguien más. No dejes de trabajar. Siempre me lo dijo, recuerdo esas palabras: «No dejes nunca de trabajar, no dejes nunca de trabajar».

Y a mí, Nicolás, el papá de mis hijos, me lo ofreció alguna vez: «Oye, ¿quieres dejar?» Y yo: «No, no, yo voy a seguir trabajando, voy a seguir trabajando». Y tenía trabajo por cuenta ajena. Eh, después fue que hice mi proyecto y tal, pero nunca dejé de trabajar porque sabía que eso es lo que me iba a dar la independencia que hoy tengo y que hoy valoro muchísimo, que puedo tomar mis decisiones.

El dinero y la relación con mamá

Franc: Claro. Y quizás para terminar este episodio podríamos ayudar a aquellas personas que estén ahora mismo diciéndose esos mensajes que decíamos antes, ¿no? Tú que siempre dices lo importante que son las palabras, ¿no? ¿Con qué palabras crees que una madre debería hablarse cuando hable de, de esa relación con el dinero y de esa relación con una ambición sana, no? Es decir, cuando tenga ese impulso de querer más, ¿cómo se tiene que hablar para no acabar encerrada en ese, en esa tradición o, o en ese formato que la, que la atrapa y que le impide conseguir lo que quiere?

Billie: Bueno, es curioso, porque yo, tú sabes que yo llevo mucho tiempo ya en el recorrido espiritual, trabajando mucho esta área. Y el dinero tiene mucho que ver con tu, la relación que tú tienes con tu mamá. Entonces, si tú, bueno, si tú, si tú tienes una mala relación con tu mamá y no la has sanado, la relación con el dinero… La mamá es la que provee, la que, la que cuida lo que, lo que hay en casa.

Entonces, esta relación hay que sanarla para poder empezar tú también a aceptar que tú mereces cobrar, que tú mereces tener dinero, que tú mereces darte ese valor, que tú mereces un precio.

Aceptar para poder valorarte

Aceptar para poder valorarte: Para sanar la relación con mamá a veces hay que hacer mucho trabajo. En mi caso, y yo todavía sigo en ese camino, no puedo decir que ya haya llegado al fin, pero a veces hay que pensar: okey. Mmm, a lo mejor, eh, mmm, no he tenido la mejor relación posible o a lo mejor me han pasado muchísimas cosas con ella, pero de alguna manera hay que trabajar, perdonar, aceptar, aceptar. Aceptación creo que es una de las palabras más grandes que hay para todo este tema familiar.

Y cuando lo logras, entonces empiezas a, a ver cómo tú también te puedes valorar, porque ya le has dado su lugar a tu mamá. Entonces, tú eres capaz de valorarte y tú eres capaz de decir: «Okey, pues yo valgo tanto, me merezco tanto y soy capaz de generar otro tanto más».

¿Qué papel juega papá?

Franc: Entiendo la relación con la autoestima que estás describiendo ahora, pero me has hecho pensar en otra cosa. Si la relación con el dinero tiene mucho que ver con mamá, ¿no? ¿Qué papel juega papá cuando el papá es el que provee? Que también es una situación muy común hoy en día. Para la, para la hija, ¿eh? Digo, estoy obviamente pensando en mis hijas.

Billie: Sí, es curioso, pero yo creo que papá no lo he trabajado tanto y tengo ahora todavía mi recorrido allí, pero juega más el papel de la seguridad. A mí me sorprendió muchísimo y yo esto yo no te lo traigo aquí a la mesa si no lo hubiera trabajado antes. Yo lo aprendí de un curso que hice sobre, eh, bueno, manifestación, sobre dinero. Y ahí decían claramente: «Toma a tu mamá, trabaja la relación con tu mamá, porque la mamá representa el dinero». Y yo: «¡Guau!» O sea, y todo el camino que llevo trabajando y siguen saliendo capas, ¿no?

Franc: Eh, a mí me da risa porque todo el trabajo que tú haces personal, yo lo veo como una cebolla. Tú va– tú quitas una capa y dices: «¡Ay, qué bien, ya sané!»

Billie: Mi nueva yo, mi nueva yo.

Franc: Sí, ya sané. Te quedan como catorce capas para abajo.

Billie: Pero bueno, al final es el recorrido que tenemos en la vida y yo creo que entre más trabajo hagamos nosotras, mamás, papás también, superimportante, me– hijos más sanos tendremos y más felices, más equilibrados, más estructurados. O sea, yo sí que veo la diferencia entre mi infancia y la infancia de mis hijos y doy gracias a la vida todos los días.

La ambición sana

Franc: Yo hago una reflexión final, porque también es verdad que la ambición en general tiene un estigma, ¿no? Porque piensas: «Bueno, ambición por ambición», ¿no? Y es cierto que hay muchas personas adictas a la ambición, por decirlo de alguna manera, ¿no? Que tienen esa ambición insatis– imposible de satisfacer, ¿no? Entonces, claro, la solución a eso tiene mucho que ver con lo que has dicho, porque has usado la palabra muchas veces, ¿no? Y es que hay que buscar la ambición sana.

Billie: Correcto. Y parte de ser ambiciosa y sana tiene mucho que ver con saber vivir tu momento ahora. O sea, ten en cuenta que las personas que solo viven pensando en: «Quiero más, quiero más, quiero más»-

Franc: Están pensando mañana.

Celebrar y agradecer lo conseguido

Billie: No están disfrutando de hoy. Y qué bonito es poder decir, no sé, he cerrado un cliente con– y me he subido el precio un quince por ciento y celebrarlo y decir: «Qué bien me siento, hoy festejo esto». Y ya cuando haga mis análisis y mi puesta en marcha de objetivos y tal, digo cuánto quiero, cómo quiero, pero disfruta de lo que tienes y sobre todo la práctica de la gratitud. Agradece, agradece cada día lo que has logrado, lo que has conseguido, en dónde estás ahora y la versión tuya anterior.

Eso es muy bonito cuando la puedes ver y decir: «Guau, gracias a la Billie de hace dieciséis años que no sabía ni cómo ponerse precio para una conferencia», ¿no? Ha sido gracias a ella que estás donde estás hoy, ¿no?

¿Te has sentido menos al poner un precio?

Billie: Sí. Pero a mí me gustaría hacerte además una pregunta, Franc, porque yo creo que la visión tuya también ayuda mucho a nuestras mamis. ¿Tú alguna vez te has sentido menos poniendo un precio diciendo: «Hala, no, me estoy aquí, me estoy pasando con esta, esta propuesta que estoy enviando»?

Franc: ¿Pero te refieres por-

Billie: Teniendo miedo.

Franc: Poner un precio demasiado alto o demasiado bajo?

Billie: Bueno, no, yo entiendo que demasiado alto, ¿no? ¿O sí? O– bueno, esto tengo curiosidad ahora.

Franc: Al contrario. O sea, pero fíjate, esta pregunta está muy, muy interesante, porque lo que me ha despertado a mí es lo contrario. Okey. Si yo me pongo un precio alto, no me siento pequeño, me siento grande.

Billie: Ajá.

Franc: Fíjate, tú pensabas que iba a ser lo contrario, ¿no? Es decir, cuando yo me he atrevido a ponerme precio, no me he sentido menos, me he sentido más, porque he pensado: «Vamos a por ello», ¿no? O sea, yo valgo esto. Entonces, me tengo que poner grande para cerrar ese trato. No puedo cerrar ese trato desde el pequeño.

Subir el precio hasta que te digan que no

Billie: Y te han dicho que no.

Franc: Sí, claro. Muchas veces. Tú acuérdate, es que tú no te acuerdas, pero tú y yo hemos hablado muchas veces de lo que has descrito antes. Pensaba que lo ibas a mencionar. Yo recuerdo conversaciones contigo de qué precio pongo a esta conferencia.

Billie: Sí.

Franc: Porque nos comparábamos, ¿no? Decías: «Oye, me han propuesto esto, ¿tú cuánto pondrías?», ¿no? Y aprendimos tú y yo-

Billie: Los dos

Franc: …a subir el precio hasta que nos digan que no.

Billie: Mhm.

Franc: Y el precio de subir el precio, valga la redundancia, eh, de esta manera es que vas a perder una, la última, ¿no?

Billie: Claro, sí.

Franc: O siempre vas a perder la que te pases de largo, ¿no? Pero ahí sabrás que es tu límite en ese momento, ¿no?

Billie: Mhm.

Hay que creérselo para vendérselo

Franc: Y entonces eso hay que saber hacerlo y saber negociarlo también, que esto lo enseñamos a Maves también, ¿no? Pero yo pi-pienso lo contrario. Cada vez que pido más, me estoy haciendo grande. Y cuando me lo aceptan, entonces me lo creo, ¿no?

Billie: Mhm.

Franc: Quizás lo que te referías es: en el fondo igual, eh, siento que no lo valgo, pero, pero es que si lo quiero vender tengo que creérmelo, si no, no lo voy a vender. Entonces, hay que creérselo para vendérselo.

Billie: Claro, pero es que a ti ese sentimiento de siento que no lo valgo te dura muy poquito. Es como: «Bueno, mmm, y voy a por eso-

Franc: Claro…

Billie: …porque sé que lo puedo conseguir», ¿no?

Franc: Quizás podría tener esa sensación de pequeño cuando me dicen que no, que es lo que decías tú, ¿no?

Billie: Sí.

Franc: Si pido eso y me dicen que no, digo: «¿Qué te has creído?», ¿no? Me puedo decir eso alguna vez, pero, pero suelo pensar: «Ellos se lo pierden».

El reto: compartir nuestras tarifas

Billie: Me encanta. Oye, pues súper, súper episodio que hemos hecho hoy y yo creo que muy importante también. A mí me gustaría hacer un llamado, ¿no? Un reto a que empecemos a compartir más nuestros precios, nuestra– nuestro precio hora, nuestras tarifas. O sea, que se vea más esto como una práctica habitual y no tanto como un tabú, ¿no? Porque entre más compartamos, también más información hay y menos miedo hay de la generación que viene antes que tú.

Franc: Mhm.

Presentación: Muchas gracias por escuchar Madres Reinventadas. Si has disfrutado del episodio de hoy y no quieres perderte los siguientes, no olvides suscribirte a nuestro pódcast en la web madresreinventadas.com. Te esperamos la semana que viene.