Escucha este episodio en…

Hay decisiones que dan miedo.

Y hay otras que, aunque duelen, te salvan.

Hay decisiones que dan miedo.
Y hay otras que, aunque duelen, te salvan.

En el nuevo episodio de Madres Reinventadas conocemos la historia de Yadira Guayllas: madre, migrante y profesional incansable, que un día entendió que trabajar más no siempre significa vivir mejor.

Después de años de sacrificio, de montar su propio negocio físico y de no llegar a todo, Yadira tomó una decisión radical: cerrarlo todo para reinventarse en digital.
No fue fácil. No fue rápido. Pero fue un camino honesto y que la llevó más lejos de lo que imaginaba.

En esta conversación hablamos de lo que casi nunca se cuenta:
✔️ del precio emocional de no estar
✔️ del valor real que aportamos como profesionales
✔️ y de lo importante que es aprender a decir «hasta aquí«

Si alguna vez has sentido que das más de lo que recibes, este episodio es para ti.

Conecta con Yadira en Linkedin y Facebook

Todos los detalles en el blog: http://madresreinventadas.com/

Transcripción de la entrevista

Billie:
En el episodio de hoy traemos una historia de una mujer valiente, resiliente y luchadora, como todas las que pasan por este programa. Yadira es ecuatoriana, pero a los 18 años se vino a vivir a España y tuvo que ponerse a trabajar cuando lo que a ella le motivaba y le gustaba verdaderamente era estudiar. Pasaron los años, tuvo varios trabajos, un emprendimiento, hasta que descubrió cómo reinventarse para no tener que abandonar el cuidado y el crecimiento de su segundo hijo.

Vamos a conocer su historia porque estoy segura de que te va a inspirar tanto como lo ha hecho conmigo. Hoy te vamos a contar la historia de reinvención de Yadira Guayas. Yadira, bienvenida al podcast de Madres Reinventadas.

Yadira:
Hola, Billie, buenos días. Encantada de estar aquí y participar en este evento que para mí es súper importante, me estimula muchísimo. Y nada, para contarte un poco mi historia, vamos a ver cómo se da.

Billie:
Es tu historia súper interesante, Yadira. Para empezar, tú cuéntanos en dónde naciste y en dónde vives ahora para que te ubiquemos en el mapa.

Yadira:
Muy bien, yo soy nacida en Ecuador. Llegué a España al cumplir los 18 años. En la actualidad llevo veintitantos en España y nada, prácticamente soy de aquí. Vivo en Soria actualmente, en la comunidad de Castilla y León, en la capital. Y aquí es donde se ha desarrollado todo mi escenario.

Billie:
Ok, o sea que llegaste muy jovencita, a los 18 años, a vivir a España. ¿Cómo fue para ti? Cuéntanos, ¿cómo fue para ti ese cambio, entiendo que cultural también, no?

Yadira:
Sí, sí, sí. Mira, la primera que vino es mi madre, es una pionera. Ella nos trajo a todos los hermanos, somos 6. Nos trajo aquí a España. Yo cumplí 18 años el 29 de marzo y el día 2 de mayo ya estaba en España.

La intención al principio sí fue estudiar, pero se complicaba un poco porque aquí te quitan un poco los estudios y eso, así que dije: “No, voy a trabajar”. Error, porque después pasaron los años y me di cuenta de que lo que necesitaba era estudiar. Soy una apasionada de los estudios, entonces esa transición fue un poco pasar de estudiante a trabajar y luego volver atrás en el tiempo.

Billie:
O sea que tú a los 18 años dijiste: “Bueno, necesito trabajar”. ¿Y cuáles fueron esos primeros trabajos que hiciste de tan joven?

Yadira:
Mira, tan joven, lo primero que hice con 18 años fue meterme en una casa, un servicio doméstico con una persona mayor que la tenía que atender, que cuidar. Trabajaba de lunes a viernes, el fin de semana tenía libre. Entre tiempo y tiempo que estaba con ella acudía a una academia para aprender algo de informática y aprender un poco del idioma, de inglés, para no dejar de estudiar, ¿sabes?

Pero seguí trabajando, seguí evolucionando. Llevo veintitantos años aquí trabajados, pero en régimen de cotización tengo casi el doble del tiempo porque siempre he estado pluriempleada, trabajando en un sitio o en otro y probando cosas hasta que he encontrado lo que yo quiero. Hasta que he encontrado, gracias a vosotros.

Billie:
Bueno, a ver, cuéntanos. Supongo que a lo largo de todos estos años de trabajo llegó el momento tuyo de ser madre, ¿no? ¿Cómo fue para ti la maternidad?

Yadira:
Mi caso es un poco así porque yo mi primer hijo lo tuve con 23 años. Actualmente ya va a cumplir 19. Y tenerlo a él sí es mi motivación de lucha para seguir adelante porque entre su crecimiento me han sucedido cosas personales muy fuertes, pero él ha sido mi motivo.

Después pasaron los años y he tenido otro bebé que ahora tiene 5 años, se llama Isaac. Entonces tienen una diferencia de edad y llegan en tiempos tan diferentes de mi vida, cada uno ha tenido lo suyo, ¿sabes?

El mayor, la parte en la que me comía el mundo luchando por conseguir todo para que él esté bien, y el pequeño ahora viviendo esta parte que el mayor no la tuvo, que es tenerme a su lado. Tenerme a su lado para todo porque al mayor siempre estaba dependiendo de alguien que me ayude, que me cuide, que me lo lleve, que haga esto. Siempre dependía de alguien. Siempre tenía que trabajar para pagarle a alguien que me ayude con ello.

Ahora con el pequeño, en cambio, lo puedo apuntar a lo que yo quiera, llevarlo donde yo quiera. Estoy presente con él desde que se levanta hasta que se duerme, siempre. Entonces son cosas… lo vivo de una manera tan diferente y soy tan feliz en este punto con mis hijos.

Billie:
Yadira, ¿qué te dice tu hijo mayor de este cambio que has hecho?

Yadira:
Mi hijo mayor ha sido el apoyo más grande que he tenido. El más grande, porque él… me voy a remontar a 5 años atrás exactamente. Después de la pandemia yo me quedé embarazada de Isaac, tuve a Isaac, pero a los 4 meses de terminar la baja de maternidad tuve la oportunidad de montar mi propio negocio, de ponerme una frutería.

Pensamos que iba a salir bien, claro, porque mis hermanos aquí en la ciudad tienen 4 fruterías también. Entonces yo iba a ser un establecimiento más entre todos, pero no tenía tiempo para nada. Estaba metiéndome tantas horas en la tienda que no tenía tiempo para nada. Y siempre con el problema, porque claro, el ser autónoma y trabajar tú sola en la tienda, con el problema de “a ver quién… ahora, ¿qué hago?”.

Entonces, con esta situación, el mayor, cuando le dije que iba a dejar la tienda y que me iba a meter en la reinvención esta de Mamis Digitales, fue el primero que dijo: “Sí, mam, sí”. Es que ya no podía más.

Y quitando esta parte que es realmente importante en mis hijos, mi pareja en este lapso se fue a trabajar fuera de España y me quedé yo sola con los 2. Entonces, pues claro, dijo mi hijo, cuando le dije: “Es que tengo que dejarlo porque no me da la vida”. Y económicamente tampoco me compensaba sacar dinero para luego pagar que me cuiden a mi hijo.

Así que nada, decirte: el 22 de diciembre, que no lo voy a olvidar nunca, saqué mi certificación como asistente virtual y el día 31 de diciembre del mismo año yo dije: “Cierro la tienda y que Dios me coja. Que Dios me dé la mano y que me deje seguir adelante. Yo lo voy a conseguir”. Y cerré. Cerré las puertas de aquello.

Me tomé el mes de enero, febrero, para finiquitar papeles, vender todo lo que tenía ahí. No tuve tantas pérdidas porque mis hermanos, como también tenían la tienda, pues me quitaron género, productos frescos y eso que podían salvarme en ese punto. No vi rentabilidad ninguna realmente del negocio al final, pero dije: “Tengo que hacerlo así porque es que si no, no voy a avanzar”.

Durante los 4 años que estuve en la tienda, Billie, desde el día uno empecé a formarme. Aparte de Mamis Digitales, yo he hecho muchas formaciones, muchas. Es que dije: “¿Qué es para yo elegir ser asistente virtual?”. Yo me puse delante y dije: “Para ser asistente virtual, trabajar en casa, ¿qué tengo que saber? Tengo que saber esto, esto, esto…”. Me hice como un abanico y dije: “Cuando ya lo tenga todo esto, que sepa de qué va todo esto, entonces yo me apunto”. Pero a ustedes ya las estaba siguiendo.

Billie:
Ok, tú nos conocías desde hace muchos años y lo que hiciste fue prepararte. Cuéntanos más o menos algunas de las formaciones que hiciste para prepararte.

Yadira:
Formaciones que hice previamente, sí, claro. Mira, a raíz de… yo ya tenía, ¿no? Dije: “Para ser asistente virtual, para yo poder estar en casa con mi bebé, yo tengo que saber…”.

Por ejemplo, fui de las primeras cuando se empezaba a implementar lo de la inteligencia artificial, que ahora es vital para unos trabajos como los nuestros. Fui de las primeras. Era chino todo lo que veía en el curso, pero yo dije: “Yo tengo que hacerlo”. Muy bien. Asistencia a inteligencia artificial fui de las primeras.

Luego me hice un Excel avanzado para poder trabajar y aparte desarrollar la actividad, que es una herramienta imprescindible. Después me he hecho también community manager, pero pocas horas y no tengo una certificación como la vuestra. Me hice un copywriter también, pocas horas, pero no tengo la certificación como la vuestra.

Y así un abanico de cosas. Me hice uno de 200 horas también, que fue el más importante, un máster empresarial, que lo hice con una empresa que es similar a la de Mamis Digitales. Con esto englobé y terminé, donde te enseñan como lo del cliente ideal y todas esas cosas. Yo todo eso me lo hice antes. Ya cuando lo tenía todo, dije: “Ahora sí, no puedo hacer nada más que Mamis Digitales”. Y ahí ya me metí con vosotros de lleno.

Billie:
Muy bien. Tú lo hiciste muy bien porque dijiste “voy a seguir apostando”. Ya seguías el proyecto de Mamis Digitales durante tiempo y dijiste “aquí sí”. ¿Y qué encontraste en Mamis Digitales que te ayudó a salir adelante y a luchar por todo lo que has conseguido?

Yadira:
Billie, te encontré a ti.

Billie:
Ay, qué linda, gracias.

Yadira:
Te encontré a ti de verdad porque yo no sabía cómo hacerlo realmente, pero se tenía escondida en mis e-mails. Se tenía escondida en mis e-mails desde la primera vez que pedí información. Y dije: “Yo algún día tengo que hacerlo”.

Y en ese momento tan crudo de mi vida, de mi lado personal, con mi familia, yo dije: “¿Qué hago? ¿Qué hago?”. Y mi hijo me dijo: “Mamá, ¿por qué no te sacas un curso de inteligencia artificial?”.

Le digo: “No, yo tengo que hacer lo otro. Tengo que hacerlo otra vez cuando salga la próxima edición. ¿Cuánto me cuesta? Y yo a ver cómo lo hago. ¿Y cuánto tiempo?”. Porque yo me levantaba a las 5 de la mañana para ir a montar. Como estaba sola con los chicos, yo me levantaba a las 5, me iba a montar la tienda a prepararlo todo, todos los días. Y volver rápido aquí a casa antes de las 8 porque el mayor entra al instituto a las 8.

Venía corriendo a preparar a Isaac para llevarlo al colegio, lo dejaba en el colegio y bajaba a la tienda. Cerraba la tienda, venía corriendo a casa a comer y a recoger a Isaac a las 3 de la tarde y venir a buscar al otro para llevarlo al fútbol, que es su pasión. Y yo: arriba, para allá, y ven. Obligar al pequeño a que duerma, porque si no, no aguantaba hasta las 9, 9 y media, que podía meterlo a dormir. “Que tienes que dormir, tienes que dormir”.

Y yo decía: “Este niño a veces se pone tan insoportable”. Era yo. Era yo, Billie, que con todo ese jaleo que tenía en mi cabeza, era yo la que le estaba volviendo a mi niño así. Estresante. No sentía que me colaboraba en un momento. Digo: “Pero ¿qué le pasa a este niño?”. No era él. Porque cuando dejé la tienda, todo cambió.

Todo cambió: mi manera de ver las cosas, mi manera de correr. Y yo dije: “No, no, no, no”. Ahí fue cuando ya, viendo todo este desencadenante psicológico y familiar y en el trabajo tan duro, dije: “No. Tengo que ir a por ello, cueste lo que cueste y haga lo que tenga que hacer”.

Yo no sé si en la aplicación, en SnackZone, ustedes pueden ver… porque se abría a las 6 de la mañana y ver a la primera que estaba con mi clase diaria y con mi ejercicio. Si había que hacerlo todos los días hasta que termine la metodología, todos los santos días, la primera, porque, claro, ya llevaba rato despierta. Estaba montando la tienda escuchándote. Y escuchando lo que me decían después. Ya lo volví a repasar.

He vuelto a hacer el curso un par de veces más este tiempo, ¿sabes?, para reforzar la metodología y todo. Y también he seguido formándome, sí. He seguido formándome. Me hubiera encantado poder acoger a la oferta que pusieron ahora para final de año, pero realmente la situación no me da para ello, pero creo que tendré más oportunidades, seguro, más adelante. No es que ganas no me faltan, estoy ahí, pero no podía comprometerme con eso en una situación económica.

Billie:
Claro, pero oye, Yadira, vas en camino porque tú has conseguido ya un cliente de asistente virtual, por lo que sé, ¿no? Dos clientes, ¡guau! Cuéntanos un poquito cómo fue esa evolución, ¿no? Cómo tú terminaste en diciembre, a finales de diciembre, cerraste tu tienda, te diste esos dos meses para reordenarlo todo y ¿cuándo empezaste a buscar clientes y cómo llegaron?

Yadira:
No, yo estaba intentando reordenar, pero también buscando clientes. Ok. Yo dije, tú dijiste en la clase, dijiste: “Tenemos que definir un nicho”. Y yo pensaba: “Dios, ¿qué nicho yo puedo coger?”. Yo estaba investigando, ¿no?, antes de cerrar la tienda, “¿qué nicho yo puedo coger?”.

Para mí un nicho muy interesante fue el de los centros de bienestar y salud, ¿sabes? Pero no tuve suerte. Nadie me dio la oportunidad, me cerraban el teléfono, me decían que no, es que no te preocupes, que es que no, que no sé qué. No me daban la oportunidad.

Y yo entiendo esta parte que ahora es muy complicada, muy dura. Yo veo muchos mensajes de madres que mandan al Club Solventa diciendo que no hay oportunidades o porque no lo he conseguido, que me estoy yendo abajo. Y yo digo: “No puede ser”, porque realmente esta sociedad en la que estamos ahora han pasado muchas cosas.

Como te he dicho antes, he sido víctima de lo mismo, de una estafa, de que me llamen y que pase algo de esto. Y a lo mejor esas personas se sienten así o en su manera personal lo han vivido de esa forma que ahora tú llamas a ofrecerle un servicio, no te conocen de nada y te cuelgan.

Pero no por eso perdí la esperanza. Seguí, seguí, seguí. Y aquí en la ciudad salía… y si me encontraba con alguien le soltaba ahí por si acaso. Así que me encontré con una persona que sí me conoce hace años. Tiene una empresa aquí en Soria que fue el que me dio la oportunidad.

Sí, me dio la oportunidad, pero con recelo.

Billie:
Ok. Tuviste que demostrarle, ¿no?

Yadira:
Sí. Y yo le dije a él, sé que no está bien porque nos quitamos valor, pero a veces es necesario. Yo le dije a él: “Mira, para empezar voy a hacer una gestión de facturación, controlando gastos, controlando inventario, para que tú más o menos vayas viendo lo que yo sé hacer”.

Claro, en mi propuesta fue amplia. Mi propuesta fue a tope con él y de todo lo que yo podía hacer hasta ese momento. Mi propuesta fue amplia, pero él dijo que no, él tenía recelo y yo lo entiendo. Entonces le dije: “Bueno, mira, ¿sabes qué? Para que más o menos vayas viendo lo que yo sé hacer, vamos a empezar con este tema”, que es un negocio de hostelería.

Ahí es cuando tengo que tumbar el nicho de bienestar, ¿sabes? Porque este es de hostelería. Pero bueno, un campo que no desconozco porque también he sido camarera muchos años también. O sea que hay muchas cosas que yo sé.

Y he trabajado en empresa de alimentación, en una fábrica, durante 14 años. Entonces hay cosas de alimentación y de normas que yo sé. Dije: “Pues no pasa nada. Cambiamos y aprendemos del otro lado”.

Cuando él me dijo: “Bueno, vamos a ver, ¿tú puedes hacer esto?”. Sí. Y me decía: “¿Y tú puedes hacer esto?”. Y yo decía: “Sí. Y lo que no sé, lo estudio, lo aprendo y lo hago. No pasa nada”.

Claro, entonces me dejó solamente la parte de la facturación. Y le dije: “¿Y cuánto me va a costar eso?”. Le digo: “Nada, 300 euros por 2 establecimientos”, pero solo la facturación y remoto.

Yo sé que me desvaloricé, lo sé, soy consciente, porque es el trabajo que yo hago, pero tenía que demostrarle bien.

Billie:
Empezaste demostrándole y además empezaste también para adquirir tú una experiencia que después te sirviera para venderte a alguien más, ¿no?

Yadira:
Exacto.

Billie:
¿Y cómo avanzó?

Yadira:
Pues el primer mes, cuando le hice su informe mensual, casi se cae para atrás. Se puso así y me dijo: “Esto es un trabajo muy profesional, es que no te puedo pagar 300 euros, te tengo que pagar mínimo 100 más”, y me dio 400 euros. Y yo contenta.

Pero yo sabía que mi trabajo, quienes sabemos hacer eso, sabemos que 400 euros por 2 establecimientos de hostelería no es nada. Entonces dije: “Bueno, no pasa nada”.

Y luego él mismo me presentó al segundo cliente de hostelería. Y en el segundo cliente empecé ganando un poquito más de dinero, sí, y con la misma metodología, los dos. Y adquiriendo más experiencia, más conocimiento. Y yo seguía… aparte de estar siempre trabajando, siempre estoy estudiando, informando, siempre.

Al segundo cliente lo operaron y él ahí es que paró mis servicios. Me dijeron que, pues, cuando él esté mejor y eso, seguramente sí va a volver a requerir mis servicios. Y no lo sé, no lo sé porque soy ajena a ello. Pero sí tuve 2 clientes hasta el mes de agosto, más o menos.

Y cuando le comenté a mi primer cliente, al que me dio la oportunidad, que este segundo me había dicho eso, me dice: “¿Qué? No te preocupes, que te vas conmigo para jornada completa. No te preocupes”. Y yo: “Ah, sí”. Me dice: “Sí, pero vas a tener que hacer todo. Lo único que no te puedes casar con otra empresa. No te puedes casar con otra empresa porque te necesito”.

Y yo dije: “Bueno, lo acepto”. Y lo acepto sabiendo que voy a perder porque yo sé lo que puedo dar, pero necesito demostrarlo. Necesito demostrarlo y la única manera de demostrarme a mí misma primero que todo lo que he estado desde tantos años atrás preparándome y luego demostrar a una empresa y tenerla aquí detrás de mí como un apoyo para esto era condicionándome de esa manera.

Yo le acepté. “Vale, está bien”. Me ha contratado a jornada completa. Trabajo por cuenta ajena con él. Y me contrató en una categoría de asistente administrativa de la empresa, la dirección.

Trabajo mano a mano con la gestoría, que también me ayuda a reforzar mi formación y trabajo. Es que me ha abierto las puertas muchísimo. Aparte, económicamente, sí. Creo que es poco, creo que es poco, porque para prepararme para esta entrevista yo me preparé un ROI de todo lo que él ha podido ganar sobre mí y pagándome 1500 euros.

Billie, él, desde marzo hasta la fecha, lo que ha invertido en mí, ha recuperado por cada euro invertido, 5665 euros demostrables.

Billie:
Wow. Pero eso a ti te sirve también como poder de negociación para en un futuro, o sea, cuando tú ya te vuelves imprescindible… Fíjate, empezó diciéndote 300 euros, luego te subió a 400, luego te contrató y te dijo “no te quiero con nadie más”, esto también se paga.

Entonces es de 1500 y tú ahora tienes el as bajo la manga. Es decir, tú en tu revisión, en tus reuniones semestrales con él, tú puedes negociar ese sueldo y decirle: “Oye, mira, lo que yo estoy haciendo para ti es esto. A mí me gustaría un incremento…”.

Así que tú tienes poder.

Yadira:
Tengo algo que hablar en ese punto.

Pues resulta que ahora el día 5 de diciembre, en una reunión que tuvimos con él, me dice que me va a reducir la jornada a media jornada. Y le digo: “Perdón”. Y me dice: “Porque económicamente a él no le compensaba pagarme 1500 euros”.

Y me sentí tan desvalorizada que… vamos, acá poco me mató. Porque no hay una persona…

Mira: en la gestoría no puedo trabajar con ellos porque no tengo una formación de gestora que la tendré algún día seguramente, pero ellos saben lo que puedo hacer y me valoran más al parecer.

Cuando me dijo esto, esta persona, dije: “Está bien, mira, vamos a terminar la reunión”. Yo le estaba entregando, presentando los informes del mes de noviembre, tanto económicos como todo, porque me he ido a recursos humanos, administración, seguros, aplicaciones, Verifactu, digitalización de empresa, me he ido a todo. O sea, he sido su asistente administrativa, pero implementándolo en todo. Sí, para demostrarle, pero para demostrarme a mí misma principalmente.

Quiero dejarte claro una cosa: sé que valgo muchísimo a nivel de trabajo. Valgo muchísimo porque me he quemado pestañas, me mantengo formándome y tengo mucha aptitud para seguir adelante. Y cuando se me presenta algo, pues quiero yo seguir y aprender y saber. No me gusta que me digan no porque no sé. Eso no me gusta.

Es una parte virtud y defecto a la vez. Cuando me ha dicho eso, digo: “Bueno, mira, ¿sabes qué? Déjame terminar con el informe y del otro ya hablaremos”.

Y yo dándole vueltas a la cabeza digo: “¿Pero cómo va a ser? ¿Él quiere que yo trabaje media jornada y que yo esté disponible para todo lo que yo hago ahora? No puedo aceptarlo”.

Entonces, el lunes le presenté el ROI. Le digo: “Quiero que sepas que la inversión que has tenido conmigo desde tal fecha hasta tal fecha te ha supuesto a ti una recuperación en dinero de 5600 euros por cada euro invertido. Y es demostrable porque conmigo esa empresa, desde marzo hasta el 31 de noviembre, ha recuperado más de medio millón de euros, quinientos ochenta y cinco mil euros, por mí”.

Y su gestión contable administrativa se queda al 90% recuperada de como yo la encontré. Sabes, que no tenía ni pies ni cabeza. No tenía ni pies ni cabeza. O sea, no te puedes imaginar.

Pero yo soy tan metódica, tan ordenada, que yo no podía trabajar sobre ello. Yo tenía que limpiar esa casa para yo poder…

Y entonces cuando le presenté mi carta, él se ha quedado así. Todavía no reacciona. Yo creo que todavía se piensa que es mentira. Me dice: “No, pero al principio no lo hacíamos”. Le digo: “Sí, pero al principio solo era una facturación y tal. Yo ahora hago 1500 cosas”.

Entonces yo te presento esto porque a mí no me conviene. Yo quiero tener una empresa, yo voy a vender mis servicios a una empresa y no quiero que me digan: “Puedes empezar mañana” y yo decirle que no porque estoy comprometida contigo, ¿sabes? Y por media jornada.

Realmente ahora sí, voy a ganar más en el paro sentada en mi casa que contigo. Y se quedó así como… creo que esperaba que yo diga que sí o no lo sé. No lo sé.

Soy una persona tan así… al final estás negociando con un cliente que no te está dando lo que tú mereces. Y si te pide media jornada pues le puedes decir pues no. Si quieres, te hago servicios de 3 horas al día cobrándote como autónoma, como profesional autónoma, ¿no?

Yo tengo otros clientes que también les puedo cobrar y ganarás seguramente mucho más que 1500 euros haciendo esto.

Entonces le dije, y se quedó así. Dice: “Pero al principio…”. Le digo: “Sí, pero al principio… ahora tú ya sabes”.

Es que, Billie, fíjate, hasta en recursos humanos me he metido. He conseguido exención para que pueda traer gente del extranjero para trabajar. Nueve plazas. Yo por ello, por plaza, lo cobro por plaza. Él ni siquiera me lo ha reconocido. Lo ha dado por hecho dentro del trabajo.

La gestoría con la que yo colaboro por él no lo ha conseguido. El director de la gestoría me dijo: “¿Pero qué has hecho? ¿Cómo lo has hecho?”. Le digo: “Pues si me necesitas, tú llámame”, le dije.

Billie:
Claro. Al final todo eso es experiencia y conocimiento que después se paga. O sea, que muy bien.

Yadira:
Así que nada, le he presentado eso, pero me quedo con buen sabor de esto porque le agradezco la oportunidad y sobre todo se le agradezco porque ha sido un punto para mí para seguir creciendo, pero de una manera abismal, o sea, a conseguir cosas que no me puedo imaginar y todo de manera digital. Aquí soy 100% digital.

Billie:
Qué bonito. Me encanta tu historia, Yadira.

Oye, ¿cómo podemos encontrarte, saber un poco más de ti, ver los servicios que ofreces? Y sobre todo, con todo lo que has contado, seguro que habrá gente por aquí que dirá: “Oye, ¿cómo contacto con Yadira para que me ayude también a mi empresa?”. Así que, cuéntanos, ¿cómo te encontramos?

Yadira:
Mira, yo tengo mi… estoy en todas las plataformas. Tengo mi TikTok, tengo mi página de Facebook, tengo mi canal de WhatsApp, tengo mi LinkedIn. Estoy en todas las plataformas, pero en todas no se puede saber todo lo que realmente sé hacer ahora.

Estoy terminando la certificación de digitalización de empresas, que es de 150 horas, que me avala y me sella para yo poder hacer la digitalización de empresas, que es un servicio que lo voy a vender muy bien. La estoy terminando, la termino ahora en enero y pues es un servicio más.

Actualizaré todo esto porque, claro, estaba detenida en este punto y ahora hay muchas más cosas que yo sé hacer. Entonces se abrirá un abanico de oportunidades para mí. Voy a hacer mi publicidad. Seguiré contándole a todo el mundo que vengo de la mano de Mamis Digitales y que aquel de arriba, que creo tanto, me dé la manito y me ayude para seguir adelante a partir de enero.

Billie:
Claro que sí, porque la fe es importante, pero también el tomar acción. Y yo te veo que eres una persona que toma acción, a veces hasta de forma también rápida, ¿no? Como cerraste tu negocio y como decidiste. Y eso también es la fe, ¿no? El saber que hay alguien arriba que nos está ayudando y nos está sosteniendo.

Así que, Yadira…

Yadira:
Y el apoyo es fundamental, pero tener ganas de seguir aprendiendo y no dejar que te cierren las puertas, sino tú seguir y seguir. Eso es lo más importante. Es lo más importante para nosotros.

Billie:
Yadira, se nos acaba el tiempo. Muchísimas gracias por haber estado aquí, por contar tu historia y por servir de inspiración a muchas mujeres que quizá en algún punto de su reinvención han dicho: “Tiro la toalla, no voy a seguir”.

Pero yo creo que viendo tu caso es evidente que si sigues y si sigues luchando por lo que quieres, consigues los resultados que quieres. Así que gracias, Yadira, por haber estado aquí, por dar tu historia en este podcast y por inspirarnos a todas.

Yadira:
Muy bien, Billie. Muchísimas gracias a ti también por darme esta oportunidad tan valiosa, por dejarme conocerte y escucharte y tenerte en el salón de mi casa y contarte un poco de mi historia. Muchísimas gracias.

Ojalá algún día se me dé una de las postulaciones para trabajar con vosotras y podamos conocernos. Ojalá, porque créeme que te podría ayudar, podría apoyar a tu equipo de muchas formas. Yo seguiré insistiendo hasta que algún día ojalá se me abra una puerta por allí.

Billie:
Seguro que sí. Seguro que sí. Un abrazo.

Yadira:
Eso, muchas gracias. Adiós.