
Hoy hablamos con Cristina Pérez Robles, una mujer que ha sabido reinventarse en más de una ocasión.
Cristina trabajaba en una tienda de deportes de montaña cuando se quedó embarazada de su primera hija. La noticia no sentó bien en la empresa y la despidieron, no supieron valorar su potencial y perdieron a una empleada por el simple hecho de formar una familia. Lo que no sabían, es que el despido acabaría llevándola hacia la vida que siempre ha querido.
Una vez fue madre, se reinventó por primera vez convirtiéndose en instructora de pilates para poder dar clases desde casa y buscando opciones para conciliar. A partir de ese momento, fue buscando empleos en los que la prioridad no era el desarrollo profesional si no poder conciliar y estar con sus hijas.
En un momento de su vida en el que sintió la necesidad de dejar de correr para llegar a todo, encontró Mamis Digitales y se reinventó para conseguir una profesión que pudiese realizar desde cualquier lugar.
Si quieres conocer su historia, no te pierdas el episodio de la semana.
Enlaces mencionados en este episodio
Perfil de instagram: www.instagram.com/cristinaperezrobles/
Perfil de Linkedin: www.linkedin.com/in/cristina-perez-robles/
Página web: https://cristinaperezrobles.com/
Transcripción de la entrevista
Billie: Bueno, hoy tenemos una invitada muy especial a nuestro podcast. Se trata de Cristina. Cristina bienvenida al podcast de Madre Reinventadas.
Cristina: Hola Billie, gracias.
Billie: Es un placer tenerte por aquí. Bueno, yo conozco tu historia muy bien, pero estoy deseando que la compartas con todas las madres que nos escuchan, nuestros oyentes, porque estoy segura de que más de una se va a inspirar contigo. Pero antes de empezar con tu historia, cuéntanos lo que es más importante y es: ¿cómo se llaman tus hijas?
Cristina: Pues tengo dos hijas, la mayor se llama Ada, que ha cumplido hace nada 16 años, en plena adolescencia, y su hermana, que tiene catorce, se llama Luna y también está en plena adolescencia. Son dos adolescentes.
Billie: Tú estás como yo, exactamente las mismas edades, nada más que yo los tengo en masculino y tú en femenino. No sé, no sé cuál de las dos lo pasa más mal con esto de la adolescencia. Vamos a trasladarnos años atrás. Cuéntanos un poquito, ¿qué hacías antes de tener a tus hijas? ¿En qué trabajabas? ¿Cómo era tu día a día?
Cristina: Justamente antes de tener a mis hijas, cuando quedé embarazada, estaba trabajando en una tienda de deportes de montaña. Estaba en el departamento de compras, recepción de material. No sentó muy bien mi embarazo en la empresa. En un primer momento, cuando lo comuniqué, me dijeron enhorabuena, no te preocupes, adaptaremos el puesto porque era la primera embarazada de la empresa. Nunca se había dado el caso. Pero a los diez días, una semana, en seguida me dijeron que estaban haciendo remodelaciones, literalmente me dijeron que pensaban que prefería quedarme en mi casa cuidando de mis hijos. En un primer momento me lo tomé muy mal, me pareció horrible, me pareció superinjusto. Me llevé un disgusto enorme. Pero luego, es cierto que prefería quedarme en casa con mis hijas. Fue una bendición.
Billie: Bueno, pero el hecho de que tomaran la decisión por ti supongo que no era nada agradable.
Cristina: No, nada. Porque además estás… Es como que dices “Dios mío, voy a construir una familia, no tengo trabajo”. Mi pareja también acababa de hacerse autónomo. Estaba empezando, era como que “Dios qué mal momento”. Y es cierto que yo pensaba “Bueno, pues tendré mi bebé, me incorporaré a trabajar, lo dejaré al cuidado de alguien”. No sé, esa era mi intención. Pero luego, cuando fui madre y vi realmente lo que es un bebé de 4 meses, dije “Cómo vas a dejar un bebé”. Es que son tan poca cosita en esas etapas que realmente me di cuenta del regalo, del favor que me hicieron. Aunque en un principio me lo tomé muy mal. Pero luego me di cuenta de que ha sido la mejor etapa el poder estar con ellas en esos años iniciales hasta que empezaron el cole. Mis hijas se llevan muy poco tiempo, se llevan un año y medio. Entonces tampoco tuve mucha oportunidad de volverme a incorporar muy pronto sino hasta que empezaron el cole, más o menos. Un poco antes yo ya comencé otra vez a formarme e ir buscando de qué manera incorporarme de nuevo al mundo laboral.
Billie: ¿Y cómo te reincorporaste? ¿Tuviste que cambiar de tipo de trabajo?
Cristina: Sí, sí, porque donde yo vivía, es un lugar turístico. Entonces todos los empleos son de hostelería o todo enfocado al turismo. Trabajas todos los festivos, fin de semana puente, vacaciones de verano, de Semana Santa, de Navidad. Se trabaja a tope. Para cuando ya tenía mis dos hijas, mi pareja había cambiado de trabajo y estaba en un trabajo que era de turnos, con lo cual yo me tenía que encargar de entradas y salidas del cole, o sea, yo tenía que estar para todos estos momentos. Era realmente imposible compatibilizar una vida laboral y familiar. Era imposible, imposible conciliar en esos momentos. Entonces, como estaba en casa con las niñas y siempre he estado muy ligada al entorno del deporte, decidí formarme como instructora de Pilates porque ya hacía Pilates en casa de modo con videos, no tenía ninguna escuela cerca. Yo no podía hacer algo que tuviera una jornada completa, ni algo que me quitara muchas horas. Empecé por ahí porque bueno, era como que me gusta, si doy clases era lo que me permitía compatibilizar. Me formé y fue formarme y enseguida empecé a dar clases. Las tenía citadas martes y jueves por la tarde, de 4 a diez de la noche y seis horas seguidas de clase. Y lunes y miércoles tenía las sesiones de mañana, pero no era un problema porque las niñas estaban en el cole. Entonces, dos tardes a la semana era más fácil de compaginar con mi pareja y así he estado varios años. Según han ido ocurriendo las circunstancias de la vida, he ido cambiando un poco de profesión, pero siempre haciendo algo que me permitiera conciliar, pero no realmente lo que yo quería. Eran las opciones que tenía. Elegía lo que me dejaba estar con mis hijas. Porque aparte de que mi pareja tuviera estos turnos rotativos, que era un poco desastre, no tenía ningún familiar ni nadie en el entorno. Nosotros nos fuimos a vivir fuera de nuestra ciudad, donde estaba nuestra familia. Entonces era como que sí o sí me tenía que hacer cargo yo. He ido un poco pues buscando siempre trabajos, no que me gusten o no, sino que me permitieran hacer. En esta época, a lo mejor en verano, pues también he estado ayudando en una oficina de deportes aventura… Es decir he ido compaginando un poco las cosas que me permitieran estar con mi familia, no buscando tanto el desarrollarme profesionalmente, sino priorizando un poco esa conciliación que era muy pequeña, pero en esos momentos era lo que necesitaba.
Billie: Y después, ¿cómo seguiste reinventándote? Porque tú has pasado de una cosa a otra hasta el momento en que realmente has tomado esa decisión de hacer lo que a ti te gustaba, ¿no? ¿Cuál fue ese momento?
Cristina: Sí, bueno, cuando ya las niñas tenían nueve, diez años, contactan conmigo para una oficina, porque hay muy pocas oficinas donde yo vivía, que ya no vivo en Benasque. Contactan conmigo de una inmobiliaria en la que necesitaban una secretaría coordinadora. Entonces yo acepto ese trabajo porque digo ah, qué bien, qué bien que voy a tener un trabajo de oficina. Pero realmente no fue así, porque que tenía que trabajar los sábados y los festivos, no podía coger vacaciones en verano, tenía que cogerlas en septiembre que ya estaban en el cole, y bueno, en momentos de temporada baja. Entonces, aunque estoy en una oficina, mi horario era el del entorno en el que vivíamos, enfocado al turismo, porque los turistas podían venir en su tiempo libre. Entonces, claro, me voy dando cuenta de que jolín, comienzo en una locura porque tenía jornada partida, trabajaba por la mañana y por la tarde, con lo cual empezamos como en una locura de intentar conciliar, de intentar llegar a casa para las cenas, las comidas… Estuve ahí 4 años, pero se me estaba haciendo muy duro porque realmente ni estás en casa al cien por cien, ni estás en el trabajo al cien por cien. O sea, intentar trabajar como si no tuvieras una familia, o intentar estar en casa como si no estuvieras trabajando. A mí me resultaba complicado porque además mi pareja se traslada a vivir fuera. Ahí nos separamos, cada uno por su lado, yo sigo quedándome en casa. Entonces, claro, yo sola con las niñas, ahí la locura se convirtió en locura total. Era siempre estar corriendo, corriendo para casa, corriendo para el trabajo. Los festivos ellas no tenían cole y yo tenía que trabajar pidiendo favores a familiares, amigos… Una locura. Y me di cuenta de que aunque mis hijas van creciendo y son más independientes y no requieren ese cuidado que a lo mejor necesitan cuando son más pequeñas, no, no, no, no puedo estar así. Porque además soy muy familiar, en casa siempre hemos sido familia numerosa, de estar con los nuestros, y es cuando me planteo estudiar algo, que no sabía en ese momento el qué, pero que yo pudiera ejercer de alguna manera remota, digital. Yo sabía que tenía que ser con un ordenador y que pudiese trabajar en cualquier parte del mundo. Si mi hija se ponía mala, que yo pudiera estar en casa teletrabajando, si tenían vacaciones, que yo pudiera estar trabajando, pero estar presente, estar ahí. Y ahí fue donde empecé a buscar un poco, el qué hacer y surgió la idea del community manager. Y buscando, buscando cosas os encontré.
Billie: Cristina, tú empezaste con todo. Empezaste a tener esa curiosidad. Decías “Vale, pues yo quiero una profesión, en donde sea, como sea, pero trabaje a distancia”. Pero desde que tomaste la decisión hasta ahora, también he visto en ti otra vuelta de reinvención. O sea, tú no paras. Cuéntanos cómo ha sido tu proceso.
Cristina: Pues mira, realmente ahora que estoy un poco ya más tranquila, ha sido todo como un tsunami. ¿Por qué? Porque desde el momento en el que yo digo “tengo que ponerme a estudiar, tengo que formarme” hasta ahora, ha pasado año y medio, dos años. Ahora, en verano, hará dos años. Y me he visto otra vez envuelta un poco en esto que te explicaba, de que he ido estudiando, he ido haciendo trabajos que me permitían conciliar con mi familia, y he ido tomando decisiones siempre con esta prioridad de mis hijas. El poder criarlas, el poder estar con ellas y el poder estar juntos el máximo tiempo posible. Ahora estoy en ese punto de “bueno, voy a levantar un poco el pie del acelerador y voy a empezar a hacer las cosas un poco más acorde a lo que yo quiero, a lo que a lo que yo siento” y más con el propósito realmente con el que empecé. Porque yo empecé Mamis Digitales, y después de estudiar toda la metodología se me abrió el mundo de la publicidad y he estado estudiando publicidad y ahora estoy metida con la publicidad y me encanta. Y es que ahí hay todo un mundo, hay muchas profesiones digitales, hay muchos especialistas o profesionales. No sé cómo llamarlos porque hay un gran desconocimiento. Es algo que todavía no existe a lo mejor una carrera y un título, entonces es como que no está reconocido o parece que no existe. Mira, el lunes tuve una conversación con una señora, yo le explicaba lo que hacía y me miraba y me decía “¿Pero eso existe?” Hay un montón de nuevas profesiones que no conocemos. Bueno, nosotros que estamos un poco en este entorno digital sí, pero son desconocidas y a mí se me ha abierto un mundo de posibilidades en el que estoy ahora muy a gusto. Pero ahora es como que he estado dos años corriendo y he seguido con el “corre corre”. Por ejemplo, en el momento en el que empiezo Mamis Digitales mi hija estaba escayolada, había tenido un accidente y se había fracturado la pierna y yo llevo dos años sin parar. Ha sido como… Estudiar de 5 de la mañana a ocho y media, llevar a mi hija al instituto, en ese momento, porque no podía ir en el autobús, volver a ver la lección de Mamis a las nueve, a las nueve y media entraba a trabajar, llegar a comer, hacer los deberes… Llegaban mis hijas, estaba el rato con ella, me iba otra vez a trabajar por la noche a terminar, pues llevo así pues un año y medio. Es un ritmo muy fuerte. En el medio nos hemos mudado a la ciudad en la que vive su padre para poder conciliar la familia entre todos. Yo he seguido estudiando entre trabajo, luego mudanza, luego clientes… He tenido un cliente tras otro entonces estoy supercontenta y ahora estoy como diciendo “Bueno, estoy con ese corre corre” y es como si el tsunami me llevara a mí. Ahora que ya se ha calmado todo un poco estoy en plan de… quiero ser yo la que me ponga a surfear la ola. Estoy en ese punto de que necesito un poco…
Billie: Yo recuerdo bastante tu historia. Recuerdo haberte conocido en un taller en Barcelona y yo he visto tu evolución. Y veo que hay muchas cosas que coinciden con muchas otras madres que buscan también reinventarse. Es decir, tú buscaste reinventarte, ya sabías que querías cambiar de profesión, que querías poder hacerlo todo a distancia. Pero todo esto es un proceso. O sea, no es una decisión que tomas de un día para otro y dices venga, pues ya dejo mi trabajo y me reinvento. Entonces yo recuerdo que tú tomaste la decisión de aprender esta profesión nueva y que tardaste en dejar ese trabajo fijo que tenías. Cuéntanos un poquito cómo fue.
Cristina: Es que, a ver, da mucho miedo dejar un trabajo. Además en plena pandemia, cuando los trabajos están en peligro. Yo ahí decido no seguir con mi trabajo porque yo seguía teletrabajando, pero con mi jefe había como mucha inseguridad, quería que trabajara, luego que no… Te voy a despedir, luego te vuelvo a contratar… Aquello era como un subibaja. A ver, él desde su parte de empresario también tenía sus inseguridades, con toda la situación, porque te estoy hablando de marzo, abril, mayo del año pasado que no sabíamos qué iba a pasar. Entonces claro, en todas estas incertidumbres, van abriendo poco a poco las normas, me dice que me incorpore a la oficina y yo le digo que sí, que me incorporo, pero que vamos a hacer alguna fórmula en la que yo pueda teletrabajar por la tarde, porque por aquel entonces los niños estudiaban en casa. No hubo manera de llegar a ningún tipo de acuerdo. A mí me parecía absurdo porque estaban las comunidades cerradas, o sea, no podía venir ningún cliente físicamente. El trabajo era todo teléfono, correo electrónico, algún cliente en videollamada. Pero quiero decir que no había mucho más que hacer en ese sentido. Yo dije bueno, de aquí a junio, julio, no sabíamos cuándo se iban a abrir, que creo que al final salió para julio y yo me vi con ese agobio de decir que había estado en casa teletrabajando, que es lo que yo estoy buscando, el teletrabajo. Y me pareció… Es que estaba feliz Billie, porque levantarme con mis hijas ya me levantaba, hasta el instituto y yo para el trabajo. Pero comer juntas cada día, estar por las tardes, pues bueno, ellas hacían los deberes que les quedaran y yo estaba trabajando, pero en ese momento en que necesitas cualquier cosa… “Oye mamá”, yo estaba en el trabajo y era un WhatsApp que a veces podía contestar y a veces no. Me reencontré otra vez con esa vida que yo tenía de madre, con mis hijas, tranquilamente, sin ese estrés. Y dije jolín, pues este es el estilo de teletrabajo que yo quiero tener. Veía que no había manera con mi jefe de conciliar ningún tipo de situación. Yo ya estaba estudiando publicidad, estaba con un cliente en prácticas que quería que continuara después de la práctica con un contrato anual. Quiero decir que yo vi la posibilidad de poder dar ese salto hacia la parte digital, porque además todo se digitalizó, todos empezamos a usar su videollamada. Nosotros ya lo habíamos aprendido, ya lo estábamos haciendo, pero todo el mundo desde un bar, cualquier comercio que aparentemente no está digitalizado, estaba atendiendo a sus clientes por redes sociales, por videollamadas, por pedidos sin WhatsApp. O sea que si hubo una digitalización brutal en cosa de meses. Me dije “pues a esta ola es la que me dijo que subir” y entonces di el salto. Claro que me costó mucho porque da mucho miedo, pero bueno, hay que ir. Y todo este tiempo que he estado así porque esto fue en junio, todos estos meses he estado con esa ansiedad de “Necesito un cliente y otro y otro y otro”, necesito tener unos ingresos recurrentes e importantes. Entonces, claro, ahora que estoy un poco más asentada, por así decirlo, es “Bueno, Cristina, vamos a empezar a hacer las cosas bien, vamos a elegir los clientes que queremos”. Me estoy poniendo con mi web, con mis redes, con mis cosas que las tengo muy aparcadas, porque si estás dando servicio y tiempo a los clientes, al final para tus propias redes y para tus propias cosas, como que no te queda mucho. Y ahora pues eso, diciendo venga, “ya está, subir a la ola, vamos a surfear”. Que no me lleve la ola a mí, sino que sea yo un poco quien dirija. Porque todo esto ha sido vencer muchos miedos, muchas inseguridades y mucho estrés. O sea, no es fácil, pero. Pero yo creo que el secreto está en hacerlo, en avanzar, en continuar. No parar.
Billie: Me encanta tu historia, Cristina, porque es verdad que tardemos lo que tardemos, al final llegar a la meta es sentirnos orgullosos de ella y como tú bien dices, dejar nuestro trabajo, dejar esa seguridad siempre da miedo, pero el miedo tiene que ser un arma que nos ayude a conseguir las cosas a pesar del miedo. Siempre lo decimos en este programa. Cristina, para las personas que quieran conocer un poquito más de ti, de lo que haces, ¿en dónde podemos encontrarlo?
Cristina: Estoy con mi web, todavía no está. O quizás sí. Tanto en mis redes como mi web es mi nombre, Cristina Pérez Robles. Intentaré a partir de ahora, que ya me he puesto con el objetivo también de crecer en mi propio proyecto, estar más presente en redes y en mi web que será Cristina Pérez Robles puntocom.
Billie: Perfecto, pues lo pondremos por supuesto en los apuntes del episodio. Cristina, para finalizar esta gran entrevista, cuéntanos ¿qué es lo que te han enseñado tus dos hijas?
Cristina: Pues me enseñan muchísimo Billie. Porque los niños yo creo que son esas personas que no tienen esos miedos, que no tienen esos prejuicios, son como esas almas puras. Y muchas veces cuando he estado insegura o he estado dudando de algo y les he expresado algún miedo, inseguridad, me lo han resuelto así en un segundo, con una facilidad y me he dado cuenta de que las cosas al final son mucho más fáciles de lo que pensamos. Quizás esa parte de madres de querer tanto las cosas bien o tanto por ellos, es mucho más fácil y todo fluye, sabes, como mucho más sencillo de lo que nos creemos. ¿Ves lo que me han enseñado? Que realmente las cosas son más fáciles de lo que parece. Ya sea en casa, ya sea para reinventarse, ya sea para afrontar un problema que tú lo puedes ver muy complicado, y un niño te da una solución superlógica, supersencilla y dices madre mía, ¿cuánta razón, no? Y realmente eso es lo que me sorprende de ellas, esa capacidad que tienen.
Billie: La sencillez, la sencillez de las pequeñas cosas.
Cristina: Sí.